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Aquesta tarda llegia un article d’en Barbeta a La Vanguardia, i crec que descriu molt gràficament els plors i els drames que està acusant el Tripartit-2, i com sol passar de retruc, els efectes destructors que porten a la governabilitat de Catalunya. L’article d’en Barbeta radiografia el mal govern que té Catalunya, evidencia que estem sota la governabilitat d’uns polítics que ho fan malament. I s’ha de dir clar i català. En aquest sentit us convido a la lectura de l’article al que em refereixo.

Mientras en el Madrid político vuelan los cuchillos, en el tripartito catalán aparecen las navajas. Faltan dos años para las elecciones, pero los aliados de la “Entesa” –dime de qué presumes y te diré de qué careces– ya tienen presente que son rivales antes que socios. Como no hay manera de que el Govern despierte entusiasmos, la consigna vuelve a ser “sálvese quien pueda” y tal como viene el calendario, la meteorología política prevé un convulsa segunda mitad de la legislatura. Se avecinan tormentas y seguramente se atormentarán las vecinas.

Obsérvese que los debates sobre los acontecimientos y desgracias que asuelan Catalunya ya no se centran en lo que ocurre, sino en averiguar quién tiene la culpa. Y la solidaridad entre los miembros del tripartito recuerda algunas escenas de los hermanos Marx, aunque, todo hay que decirlo, con diálogos menos elaborados: “Yo no he sido, ha sido éste”. Las hostilidades se han puesto de manifiesto con claridad meridiana a raíz de la controversia por el temporal de viento.

El president Montilla no puede desautorizar a sus consellers, porque sería tanto como admitir que no puede destituirlos por mediocres que sean, pero mueve sus peones para que la opinión pública no tenga dudas sobre a quién debe cargarle el marrón. Del Baix Llobregat, que es el principal feudo de poder de Montilla y de su lugarteniente José Zaragoza, es de donde paradójicamente han surgido las críticas más duras por no haber advertido a la población con tiempo suficiente de los riesgos que conllevaba el temporal de viento.

Los dardos más envenenados han sido dirigidos con precisión al responsable de las emergencias, o sea, el conseller de Interior –el gran Joan Saura–, que no es del PSC, sino de Iniciativa per Catalunya. El propio president Montilla insinuó que también falló el servicio meteorológico, y –mira por dónde– se trata de un organismo que depende del otro conseller de ICV, Francesc Baltasar.

¿Y qué autoridades han rechazado públicamente lo del 80 por hora? El conseller Nadal y el alcalde Hereu… Hace tiempo que el PSC está hasta las narices de ICV, pero necesita a la familia Ceausescu para gobernar en casi todas partes. Ahora tratan de invertir la ecuación: que sea ICV la que necesite respiración asistida por el PSC, sabiendo que es imposible que los rumanos encuentren otro socio que los aguante.

Conste que fueron las cúpulas de ICV y ERC quienes, tras sus respectivas debacles en las elecciones generales, decidieron frenar la fuga de votos hacia el PSC a base de marcar perfil propio en el Govern. Y ahora resulta que cuando los socios marcan paquete, Montilla ve arruinados todos sus esfuerzos por fingir que preside un Govern serio, distinto del Dragon Khan. Es la maldición del tripartito: los líderes disfrutan de la vida, pero los votantes se avergüenzan…

Ahora vendrá la financiación y la sentencia del Constitucional sobre el Estatut y las consecuencias de la crisis, que van a ser dramáticas… Con estrategias de equipo tan fraternales del tipo sálvese quien pueda y que cada palo aguante su vela tendremos espectáculo asegurado. Lástima que el respetable hace ya tiempo que dejó de interesarse por esta tragicomedia y vive de espaldas al escenario.

Font: La Vanguardia

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